Cómo convertirte en el protagonista de tu vida

Creo que todos, en algún momento, nos hemos colocado los auriculares mientras miramos por la ventana de un bus, un carro o el metro, sintiéndonos como los protagonistas de nuestra propia historia. Suena el soundtrack que marca el inicio de una narrativa única, de un mundo de posibilidades infinitas que está, aunque a veces lo olvidemos, completamente en nuestras manos.
Tal vez sea porque soy fanático del cine, porque he trabajado en la industria, pero siempre encuentro metáforas relacionadas con el séptimo arte. Somos los guionistas, directores, productores y, por supuesto, el elenco principal de nuestra vida. Nos toca sortear los recortes de presupuesto, negociar con nuevos inversionistas y enfrentarnos a la constante reescritura y desaparición de personajes en nuestro relato personal. Me gusta pensar en mi vida así: como una colección de películas de distintos géneros y estilos, cada una con su propio tono, su propia estética, su propia banda sonora.
A veces creo que nos hace falta romantizar más nuestra existencia. Ver la grandeza en lo pequeño. La belleza en la sutileza de la luz filtrándose por la ventana en la mañana. La magia en el sonido ambiente que da profundidad y veracidad a nuestra realidad. Y aquí llego al corazón de este blog post: la música. Ese elemento que exalta las emociones, que revela lo invisible, lo que no puede contarse con palabras ni imágenes, pero sí con la vibración de los instrumentos.
Con mi Luna en Tauro, siempre me he sentido bendecido con un oído sensible, capaz de notar los matices de una canción, de encontrar belleza en este arte aunque no lo comprenda del todo en su profundidad. A lo largo de mi vida, y últimamente con más insistencia en mis en vivos de TikTok, varias personas han comentado sobre mi gusto musical. Por eso, quiero compartirles mi primer playlist público.
Esta selección de canciones es la banda sonora de mi película actual. Sonidos para mirar a través de una ventana con gotas de lluvia deslizándose, llevando consigo esa melancolía que a veces se instala en el alma. Un viaje de regreso a la adolescencia, a esos días en los que soñaba con la adultez y la libertad de hacer, pensar y vivir como quisiera. También un espacio para las notas existencialistas, esas que nos llevan a cuestionarnos el sentido de nuestra presencia en este mundo, en esta roca inmensa que atraviesa el universo a velocidades absurdas. Y, por supuesto, no pueden faltar las dramatizaciones de mi mente: rupturas que no han ocurrido, escapadas que no he hecho, fiestas que no he celebrado.
Espero que puedan viajar conmigo a estos universos cinematográficos que construyo a mi alrededor.
Un abrazo, y les deseo infinitas bendiciones.